Parkinson: los primeros síntomas suelen ser leves y la clave del diagnóstico está en la evaluación médica

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Parkinson: los primeros síntomas suelen ser leves y la clave del diagnóstico está en la evaluación médica

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Los temblores característicos de esta patología aparecen progresivamente con el tiempo, y, si bien suelen indicarse estudios de diagnóstico por imágenes del cerebro o análisis de sangre, por lo general son las características que el médico identifica en la consulta las que determinarán la evaluación de cada caso

No existe ningún análisis que por sí solo sirva para diagnosticar la enfermedad de Parkinson. Más bien suele decirse que el diagnóstico se establece según los antecedentes médicos y los síntomas del paciente, así como el examen neurológico y el físico.

Por eso ante la duda sobre la presencia de la enfermedad de Parkinson, lo más razonable es buscar la opinión de un neurólogo especializado en la enfermedad.

“La enfermedad de Parkinson es un trastorno progresivo del sistema nervioso que afecta el movimiento. En las personas que padecen esa enfermedad, ciertas células nerviosas del cerebro, llamadas neuronas, mueren de forma gradual”, explicó un prestigioso médico especialista en Neurología en Rochester, Minnesota.

Aproximadamente 80% de las personas con la enfermedad de Parkinson presenta algún tipo de temblor en una de las extremidades y lo usual es que primero afecte la mano o los dedos.

“Muchos de los síntomas de la enfermedad de Parkinson se relacionan con la pérdida cerebral de neuronas, las cuales producen una sustancia química llamada dopamina. La pérdida de la dopamina puede conducir a una variedad de síntomas, los cuales son muy distintos entre una y otra persona. La enfermedad de Parkinson se desarrolla lentamente con el transcurso del tiempo. En las primeras etapas de la enfermedad, los síntomas pueden ser muy leves y apenas notorios”.

Aproximadamente 80% de las personas con la enfermedad de Parkinson presenta algún tipo de temblor (o sacudidas) en una de las extremidades y lo usual es que primero afecte la mano o los dedos. Con el tiempo, la enfermedad de Parkinson suele dificultar los movimientos rápidos y produce rigidez muscular, lo que restringe la amplitud de movimiento y, a veces, causa dolor. Eso puede llevar a que la persona camine arrastrando los pies y con pasos cortos. Además, lentifica las tareas cotidianas, como levantarse de una silla, escribir o vestirse. Algunas personas con la enfermedad de Parkinson desarrollan una postura encorvada y sienten inestabilidad.

“La enfermedad de Parkinson normalmente altera la espontaneidad y normalidad de los movimientos corporales, tales como parpadear, sonreír o balancear los brazos al caminar -puntualizó Ahlskog-. La pérdida de la dopamina que ocurre en la enfermedad de Parkinson puede, a veces, desencadenar trastornos del sueño, ataques de pánico, ansiedad o insomnio”.

Los neurólogos buscan esos síntomas cuando creen que se encuentran ante un diagnóstico de enfermedad de Parkinson. Y pese a que se recomienda hacer estudios por imágenes del cerebro o análisis de sangre, por lo general el diagnóstico se establece en base a las características identificadas en el consultorio médico. “Cuando en la evaluación inicial, el médico sospecha mucho que el paciente sufre la enfermedad de Parkinson, posiblemente le recete carbidopa y levodopa, fármaco combinado que ayuda a reemplazar la dopamina en el cerebro”, consideró el especialista.

Y destacó que “cuando los síntomas de la persona mejoran considerablemente al tomar la combinación de carbidopa y levodopa, eso suele ser una clara señal de que los síntomas son producto de la enfermedad de Parkinson”. Sin embargo, los cambios no ocurren en cuestión de uno o dos días, sino que el máximo efecto se consigue cuando la persona toma la dosis correcta del medicamento durante un período prolongado de tiempo.

En quienes la enfermedad de Parkinson está completamente desarrollada, es fundamental establecer un diagnóstico exacto que lleve a la dosis adecuada de la combinación de estos fármacos. En la mayoría de los pacientes, el tratamiento también abarca un programa de ejercicio para mejorar el estado físico, la fuerza muscular, la flexibilidad y el equilibrio.

“A pesar de que no haya cura para la enfermedad de Parkinson, en la mayoría de los casos es posible controlar bien tanto la enfermedad como sus síntomas, a fin de que los enfermos puedan continuar participando en actividades y llevando una vida plena”.

Fuente: infobae.com

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